ESTILOS EDUCATIVOS
La principal meta que tienen los padres
respecto de sus hijos es que sean felices.
Sin embargo este objetivo tan sencillo a
simple vista, se vuelve harto complicado
cuando se dan la confluencia de varios factores familiares y ambientales que
son por otra parte cotidianos.
Las prisas, las preocupaciones, el estado de
ánimo, la economía, los otros, los miedos, las notas, la salud y un largo ect…
pueden hacer que la relación de los padres con los hijos no transcurra de
manera conveniente. ¿Quién no se ha levando un día por la mañana dispuesto a
comerse el mundo y se ha encontrado con que el mundo lo devoraba? Imagina la situación:
Te despiertas a preparar el desayuno, levantas
a tu pequeño y le dices “Raúl, cariño despierta”. Te detienes unos segundos al
lado de la cabecera de la cama y lo observas mientras aún duerme. Los
sentimientos de cualquier madre/padre empiezan a apoderarse de nosotros. “Qué
guapo es. Es el niño más guapo del mundo, con esos párpados y esas pestañas,
Qué mofletes, dan ganas de comérselos. Y
míralo, cómo respira, que paz trasmite. Con lo a gusto que está durmiendo…
¡Dios, qué tarde se está haciendo!. Y entonces: ¡R-A-UUUUULLLL DESPIERRRTAA!.”
Empiezan las prisas y no se levanta, no
llegará al colegio, quizá le pongan una incidencia y además va a conseguir que
llegue tarde al trabajo….
Y la
mañana idílica empieza a convertirse en apocalíptica. Y el almuerzo para el
recreo es un bocata de cúmulo de gritos, malos modales, falta de autonomía,
sensación de tristeza, negatividad. Todo lo contrario de lo que a primera hora
del día pretendíamos.
¿Qué ha pasado? Nos repetimos esa pregunta
constantemente durante un buen rato. Y tenemos la sensación de que las cosas no
marchan bien, se nos van de las manos y
no sabemos cómo manejarlas.
Evidentemente hemos fallado. Nos hacemos el
propósito de rectificar pero no es nada fácil y la situación se repite día a
día. Y eso tiene evidentemente una influencia en la vida de nuestros hijos, en
su autoconcepto y por ende en su felicidad
¿Somos malos padres? Rotundamente NO. Educar
no es fácil y lo único que ocurre es que quizá deberíamos hacer y ver las cosas
de manera diferente. Pero eso requiere autocontrol y muchísima paciencia,
también ayuda y tiempo para obtener esa ayuda.
Si la buscamos en un profesional nos
aconsejará seguramente que revisemos nuestro estilo educativo y de eso
precisamente quiero hablar hoy.
Un estilo
educativo consiste en conjunto de técnicas que utilizamos los padres en
la educación de los hijos. Según las conductas
que predominan en nosotros en relación con nuestros hijos, nos
encuadraríamos en uno u otro estilo. Para determinarlos se tienen cuenta el
predominio de dos variable en la relación padre-hijos. Estas variables son el
control y la calidez afectiva.
Veámos un cuadro que resume los tipos educativos:
Alto control
Bajo control
Alta calidez afectiva
Estilo democrático.
Estilo sobreprotector.
Baja calidez (frialdad
afectiva)
Estilo autoritario.
Estilo negligente.
Pasemos ahora a explicar de modo breve en que consiste cada uno de los
estilos.
Autoritario:
Ordenan o dicen siempre a los hijos que
hacer.
Son estrictos, el padre tiene altas
expectativas de conformidad y cumplimiento de las normas por parte de los hijos
pero permitiendo poco diálogo abierto.
Es un estilo restrictivo y punitivo.
Esperan mucho de los hijos pero no explican
las reglas y límites.
Le dicen al niño lo que debe hacer en lugar
de dejarle elegir por sí mismo.
Sobreprotector:
Dejan que los hijos hagan lo que quieran.
Es un estilo no directivo y menos severo.
Tienen pocas expectativas de comportamiento
del niño.
Los padres están muy involucrados con los
hijos pero con muy bajo control.
Asertivo, democrático o autoritativo:
Proporcionan normas y orientación sin ser
dominantes.
Es aquel en el que el padre es exigente y
receptivo, muy centrado en el niño, con altas expectativas de madurez del
mismo.
Entienden los sentimientos del niño y le
enseñan a manejarlos.
No son tan controladores y permiten que el
niño explore, le ayudan a solucionar problemas, pero dejan que tomen sus
propias decisiones.
Ponen límites y demandan madurez pero
explican sus castigos que son medidos y consistentes (no arbitrarios ni
severos).
Negligente.
Se centran en intereses no relacionados con
los hijos.
Padres no implicados, que desatienden las
necesidades del niño o son despectivos.
Son padres fríos y controladores.
Los hijos son apartados, no se les exige nada
ni tienen responsabilidades.
Se omiten las emociones y opiniones del niño.
Aunque proveen las necesidades básicas del
niño, los padres no respaldan a sus hijos.
¿Qué estilo es el más conveniente?
Como habréis deducido ya, el estilo correcto
es el autoritativo/asertivo (democrático). Aquel en el que los padres son
cálidos y afectivos y apoyan a su hijo pero también le imponen normas y reglas
claras. Son padres que aplican un control racional (las normas son explicadas y
tienen sentido) y que exigen a los niños la madurez propia de su edad. Son
padres que muestran una buena comunicación y que son accesibles a las
necesidades emocionales del niño.
Evidentemente, como somos el conjunto de las
experiencias vividas, cada uno de estos estilos conlleva unas consecuencias en
la manera de ser de nuestros hijos. En la siguiente entrada hablaré de cuáles
son esas consecuencias y de qué podemos hacer para conseguir un estilo
educativo democrático o asertivo.
Hasta entonces…..afecto, paciencia y
disfrutad de vuestros hijos.
La principal meta que tienen los padres
respecto de sus hijos es que sean felices.
Sin embargo este objetivo tan sencillo a
simple vista, se vuelve harto complicado
cuando se dan la confluencia de varios factores familiares y ambientales que
son por otra parte cotidianos.
Las prisas, las preocupaciones, el estado de
ánimo, la economía, los otros, los miedos, las notas, la salud y un largo ect…
pueden hacer que la relación de los padres con los hijos no transcurra de
manera conveniente. ¿Quién no se ha levando un día por la mañana dispuesto a
comerse el mundo y se ha encontrado con que el mundo lo devoraba? Imagina la situación:
Te despiertas a preparar el desayuno, levantas
a tu pequeño y le dices “Raúl, cariño despierta”. Te detienes unos segundos al
lado de la cabecera de la cama y lo observas mientras aún duerme. Los
sentimientos de cualquier madre/padre empiezan a apoderarse de nosotros. “Qué
guapo es. Es el niño más guapo del mundo, con esos párpados y esas pestañas,
Qué mofletes, dan ganas de comérselos. Y
míralo, cómo respira, que paz trasmite. Con lo a gusto que está durmiendo…
¡Dios, qué tarde se está haciendo!. Y entonces: ¡R-A-UUUUULLLL DESPIERRRTAA!.”
Empiezan las prisas y no se levanta, no
llegará al colegio, quizá le pongan una incidencia y además va a conseguir que
llegue tarde al trabajo….
Y la
mañana idílica empieza a convertirse en apocalíptica. Y el almuerzo para el
recreo es un bocata de cúmulo de gritos, malos modales, falta de autonomía,
sensación de tristeza, negatividad. Todo lo contrario de lo que a primera hora
del día pretendíamos.
¿Qué ha pasado? Nos repetimos esa pregunta
constantemente durante un buen rato. Y tenemos la sensación de que las cosas no
marchan bien, se nos van de las manos y
no sabemos cómo manejarlas.
Evidentemente hemos fallado. Nos hacemos el
propósito de rectificar pero no es nada fácil y la situación se repite día a
día. Y eso tiene evidentemente una influencia en la vida de nuestros hijos, en
su autoconcepto y por ende en su felicidad
¿Somos malos padres? Rotundamente NO. Educar
no es fácil y lo único que ocurre es que quizá deberíamos hacer y ver las cosas
de manera diferente. Pero eso requiere autocontrol y muchísima paciencia,
también ayuda y tiempo para obtener esa ayuda.
Si la buscamos en un profesional nos
aconsejará seguramente que revisemos nuestro estilo educativo y de eso
precisamente quiero hablar hoy.
Un estilo
educativo consiste en conjunto de técnicas que utilizamos los padres en
la educación de los hijos. Según las conductas
que predominan en nosotros en relación con nuestros hijos, nos
encuadraríamos en uno u otro estilo. Para determinarlos se tienen cuenta el
predominio de dos variable en la relación padre-hijos. Estas variables son el
control y la calidez afectiva.
Veámos un cuadro que resume los tipos educativos:
Alto control
|
Bajo control
|
|
Alta calidez afectiva
|
Estilo democrático.
|
Estilo sobreprotector.
|
Baja calidez (frialdad
afectiva)
|
Estilo autoritario.
|
Estilo negligente.
|
Pasemos ahora a explicar de modo breve en que consiste cada uno de los
estilos.
Autoritario:
Ordenan o dicen siempre a los hijos que
hacer.
Son estrictos, el padre tiene altas
expectativas de conformidad y cumplimiento de las normas por parte de los hijos
pero permitiendo poco diálogo abierto.
Es un estilo restrictivo y punitivo.
Esperan mucho de los hijos pero no explican
las reglas y límites.
Le dicen al niño lo que debe hacer en lugar
de dejarle elegir por sí mismo.
Sobreprotector:
Dejan que los hijos hagan lo que quieran.
Es un estilo no directivo y menos severo.
Tienen pocas expectativas de comportamiento
del niño.
Los padres están muy involucrados con los
hijos pero con muy bajo control.
Asertivo, democrático o autoritativo:
Proporcionan normas y orientación sin ser
dominantes.
Es aquel en el que el padre es exigente y
receptivo, muy centrado en el niño, con altas expectativas de madurez del
mismo.
Entienden los sentimientos del niño y le
enseñan a manejarlos.
No son tan controladores y permiten que el
niño explore, le ayudan a solucionar problemas, pero dejan que tomen sus
propias decisiones.
Ponen límites y demandan madurez pero
explican sus castigos que son medidos y consistentes (no arbitrarios ni
severos).
Negligente.
Se centran en intereses no relacionados con
los hijos.
Padres no implicados, que desatienden las
necesidades del niño o son despectivos.
Son padres fríos y controladores.
Los hijos son apartados, no se les exige nada
ni tienen responsabilidades.
Se omiten las emociones y opiniones del niño.
Aunque proveen las necesidades básicas del
niño, los padres no respaldan a sus hijos.
¿Qué estilo es el más conveniente?
Como habréis deducido ya, el estilo correcto
es el autoritativo/asertivo (democrático). Aquel en el que los padres son
cálidos y afectivos y apoyan a su hijo pero también le imponen normas y reglas
claras. Son padres que aplican un control racional (las normas son explicadas y
tienen sentido) y que exigen a los niños la madurez propia de su edad. Son
padres que muestran una buena comunicación y que son accesibles a las
necesidades emocionales del niño.
Evidentemente, como somos el conjunto de las
experiencias vividas, cada uno de estos estilos conlleva unas consecuencias en
la manera de ser de nuestros hijos. En la siguiente entrada hablaré de cuáles
son esas consecuencias y de qué podemos hacer para conseguir un estilo
educativo democrático o asertivo.
Hasta entonces…..afecto, paciencia y
disfrutad de vuestros hijos.