miércoles, 13 de julio de 2016

ESTILOS EDUCATIVOS O COMO EMPEZAR UN BUEN DIA



ESTILOS EDUCATIVOS


La principal meta que tienen los padres respecto de sus hijos es que sean felices.
Sin embargo este objetivo tan sencillo a simple vista, se vuelve  harto complicado cuando se dan la confluencia de varios factores familiares y ambientales que son por otra parte cotidianos.
Las prisas, las preocupaciones, el estado de ánimo, la economía, los otros, los miedos, las notas, la salud y un largo ect… pueden hacer que la relación de los padres con los hijos no transcurra de manera conveniente. ¿Quién no se ha levando un día por la mañana dispuesto a comerse el mundo y se ha encontrado con que el mundo lo devoraba?  Imagina la situación:
Te despiertas a preparar el desayuno, levantas a tu pequeño y le dices “Raúl, cariño despierta”. Te detienes unos segundos al lado de la cabecera de la cama y lo observas mientras aún duerme. Los sentimientos de cualquier madre/padre empiezan a apoderarse de nosotros. “Qué guapo es. Es el niño más guapo del mundo, con esos párpados y esas pestañas, Qué mofletes, dan ganas de comérselos.  Y míralo, cómo respira, que paz trasmite. Con lo a gusto que está durmiendo… ¡Dios, qué tarde se está haciendo!. Y entonces: ¡R-A-UUUUULLLL DESPIERRRTAA!.”
Empiezan las prisas y no se levanta, no llegará al colegio, quizá le pongan una incidencia y además va a conseguir que llegue tarde al trabajo….
 Y la mañana idílica empieza a convertirse en apocalíptica. Y el almuerzo para el recreo es un bocata de cúmulo de gritos, malos modales, falta de autonomía, sensación de tristeza, negatividad. Todo lo contrario de lo que a primera hora del día pretendíamos.
¿Qué ha pasado? Nos repetimos esa pregunta constantemente durante un buen rato. Y tenemos la sensación de que las cosas no marchan bien, se nos van de las manos  y no sabemos cómo manejarlas.
Evidentemente hemos fallado. Nos hacemos el propósito de rectificar pero no es nada fácil y la situación se repite día a día. Y eso tiene evidentemente una influencia en la vida de nuestros hijos, en su autoconcepto y por ende en su felicidad
¿Somos malos padres? Rotundamente NO. Educar no es fácil y lo único que ocurre es que quizá deberíamos hacer y ver las cosas de manera diferente. Pero eso requiere autocontrol y muchísima paciencia, también ayuda y tiempo para obtener esa ayuda.
Si la buscamos en un profesional nos aconsejará seguramente que revisemos nuestro estilo educativo y de eso precisamente quiero hablar hoy.


      


Un estilo  educativo consiste en conjunto de técnicas que utilizamos los padres en la educación de los hijos. Según las conductas  que predominan en nosotros en relación con nuestros hijos, nos encuadraríamos en uno u otro estilo. Para determinarlos se tienen cuenta el predominio de dos variable en la relación padre-hijos. Estas variables son el control y la  calidez afectiva.
 Veámos un cuadro que resume los tipos educativos:


Alto control
Bajo control
Alta calidez afectiva
Estilo democrático.
Estilo sobreprotector.
Baja calidez (frialdad afectiva)
Estilo autoritario.
Estilo negligente.
      


  Pasemos ahora a explicar de modo breve en que consiste cada uno de los estilos.


Autoritario:

Ordenan o dicen siempre a los hijos que hacer.
Son estrictos, el padre tiene altas expectativas de conformidad y cumplimiento de las normas por parte de los hijos pero permitiendo poco diálogo abierto.
Es un estilo restrictivo y punitivo.
Esperan mucho de los hijos pero no explican las reglas y límites.
Le dicen al niño lo que debe hacer en lugar de dejarle elegir por sí mismo.

Sobreprotector:
Dejan que los hijos hagan lo que quieran.
Es un estilo no directivo y menos severo.
Tienen pocas expectativas de comportamiento del niño.
Los padres están muy involucrados con los hijos pero con muy bajo control.

 Asertivo, democrático o autoritativo:
Proporcionan normas y orientación sin ser dominantes.
Es aquel en el que el padre es exigente y receptivo, muy centrado en el niño, con altas expectativas de madurez del mismo.
Entienden los sentimientos del niño y le enseñan a manejarlos.
No son tan controladores y permiten que el niño explore, le ayudan a solucionar problemas, pero dejan que tomen sus propias decisiones.
Ponen límites y demandan madurez pero explican sus castigos que son medidos y consistentes (no arbitrarios ni severos).

Negligente.
Se centran en intereses no relacionados con los hijos.
Padres no implicados, que desatienden las necesidades del niño o son despectivos.
Son padres fríos y controladores.
Los hijos son apartados, no se les exige nada ni tienen responsabilidades.
Se omiten las emociones y opiniones del niño.
Aunque proveen las necesidades básicas del niño, los padres no respaldan a sus hijos.

¿Qué estilo es el más conveniente?

Como habréis deducido ya, el estilo correcto es el autoritativo/asertivo (democrático). Aquel en el que los padres son cálidos y afectivos y apoyan a su hijo pero también le imponen normas y reglas claras. Son padres que aplican un control racional (las normas son explicadas y tienen sentido) y que exigen a los niños la madurez propia de su edad. Son padres que muestran una buena comunicación y que son accesibles a las necesidades emocionales del niño.


Evidentemente, como somos el conjunto de las experiencias vividas, cada uno de estos estilos conlleva unas consecuencias en la manera de ser de nuestros hijos. En la siguiente entrada hablaré de cuáles son esas consecuencias y de qué podemos hacer para conseguir un estilo educativo democrático o asertivo.
Hasta entonces…..afecto, paciencia y disfrutad de vuestros hijos.